El día comenzó algo lluvioso… y la verdad es que la lluvia se quedó más tiempo del que uno esperaría, acompañando incluso hasta la hora de la comida.
Pero no fue incómodo, ni de esos días que te arruinan los planes. Al contrario. El clima se sentía rico, distinto, y el mood se volvió medio nostálgico… de ese tipo de nostalgia que no pesa, que más bien se disfruta.
¿No te pasa?
Que hay días que solitos te piden bajar el ritmo.
Hoy fue uno de esos.
No tenía ganas de comida rápida. Cero. No era el típico “lo que caiga”. Quería algo más tranqui… un café, sentarme un rato, despejarme. El clima estaba perfecto para eso, como si todo empujara en esa dirección.
Desde hace tiempo traía en mente visitar “El Terrible Juan”. Había escuchado bastante del lugar, sobre todo por el tema del café de especialidad. De esos spots que te recomiendan tanto que ya los traes en la lista mental desde hace rato.
Y casualmente, hay uno cerca de mi trabajo.
La lluvia hizo lo suyo: me dio el pretexto perfecto.
Porque siendo honestos… el trabajo, el estrés de la oficina, todo eso iba a seguir ahí al regresar. No se iba a ir a ningún lado. Así que hoy decidí no correr, no comer rápido, no seguir en automático.
Hoy decidí darme ese espacio.
Llegué y desde el primer momento se sintió la vibra. Un lugar relajado, sin poses, con gente amable de la que te atiende bien sin hacerlo pesado. De esos lugares donde te sientes cómodo sin tener que pensar mucho.
La carta me sorprendió. No era solo café, había varias opciones de comida. Y aquí viene la confesión…
Pedí una hamburguesa.
Sí, ya sé… vine por café. Pero soy fan de las hamburguesas y a veces ir a la segura también es parte del plan.

Y la neta… qué buena decisión.
Desde que llegó a la mesa, la hamburguesa se veía brutal. Bien servida, generosa, de esas que sabes que vas a terminar con las manos medio embarradas (y feliz). Nada que ver con las típicas hamburguesas de cadena.
El pan… uff, el pan estaba perfecto. Suave, pero con estructura, aguantando todo sin deshacerse. Los acompañamientos bien pensados, sin relleno innecesario. Y ese toquecito de ensalada al lado —ya sabes, como para “sentirte menos culpable”— se agradece más de lo que uno admite.
Pero lo mejor fue el sabor.
Equilibrado, pero con carácter.
De esas hamburguesas que no necesitan presumir nada… porque simplemente están bien hechas.
Para tomar, elegí algo que me llamó la atención desde el nombre: “Brewtal”. Me dio risa, no lo voy a negar.

Es un cold brew, y me fui por la versión con tónico de maracuyá.
Y wow…

Refrescante, diferente, con ese balance entre lo ácido y lo profundo del café que cae perfecto. De esos tragos que te hacen pausar tantito y pensar: “esto era justo lo que necesitaba”.
Al final, más que la comida o el café, fue el momento.
Ese pequeño break en medio del día.
Ese recordatorio de que a veces solo necesitas cambiar el plan, bajar el ritmo y darte chance de algo distinto.
No sé cuántos premios o reconocimientos tenga El Terrible Juan… pero lo que sí te puedo decir es que hoy se llevó uno importante: El premio al mejor momento de mi día.
Porque sí… La lluvia no arruinó el día. Lo hizo mejor.
Este es el instagram del terrible Juan:

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