Un día lluvioso se convirtió en el pretexto perfecto para bajar el ritmo, salir de la rutina y regalarme un momento distinto. Entre café, una hamburguesa inesperadamente increíble y un ambiente relajado, encontré justo lo que necesitaba: una pausa que terminó siendo lo mejor de mi día.
En medio de un día lleno de juntas y pendientes, decidí salir a caminar sin rumbo. Lo que parecía una tienda de plantas terminó siendo un pequeño café donde, por un momento, el estrés del día se quedó afuera.